Un intenso debate ha generado el proyecto de expansión de la mina El Abra, una inversión estimada en US$ 7.500 millones que contempla nuevas obras en las cercanías de Chug Chug, uno de los complejos de geoglifos más importantes del mundo y reconocido como Monumento Arqueológico.
Entre las obras proyectadas destaca la construcción de un gigantesco tranque de relaves de aproximadamente 5.900 hectáreas, una superficie que supera ampliamente el tamaño de varias ciudades del norte del país. Además, la infraestructura incluiría muros de contención de gran altura y otras instalaciones asociadas a la operación minera.
Según los antecedentes conocidos, el tranque se ubicaría a unos 10 kilómetros del parque arqueológico de Chug Chug y podría ser visible desde algunos de sus miradores. A ello se suma la construcción de un acueducto que pasaría muy cerca del sitio patrimonial.
La preocupación surge porque Chug Chug alberga cerca de 500 geoglifos, considerados un valioso testimonio de las antiguas rutas caravaneras y de la historia de los pueblos originarios que habitaron el desierto de Atacama.
Comunidades locales, agrupaciones patrimoniales y organizaciones medioambientales han manifestado inquietud por los posibles efectos que el proyecto podría generar sobre el paisaje, el patrimonio arqueológico y los ecosistemas de la zona. Entre las especies mencionadas como potencialmente afectadas figuran las chinchillas, las yaretas y otras especies adaptadas a las condiciones extremas del desierto.
Por su parte, la empresa responsable del proyecto sostiene que los estudios ambientales realizados concluyen que los impactos serían manejables y no significativos, posición que ha sido cuestionada por distintos actores que solicitan una evaluación más exhaustiva.
El futuro de la expansión de El Abra continúa siendo objeto de análisis dentro del proceso de evaluación ambiental, mientras crece el debate entre desarrollo minero, protección patrimonial y conservación del entorno natural.