La figura de Reza Pahlevi volvió al centro del escenario internacional tras una tensa visita a Berlín. El hijo del último Shah de Irán llegó a Europa con el objetivo de sumar apoyos políticos, pero su agenda se vio empañada por una protesta en la que manifestantes le arrojaron un líquido rojo, simbolizando el rechazo de algunos sectores a su figura.
Pahlevi ha intensificado en los últimos días su discurso contra la República Islámica de Irán, asegurando que atraviesa un momento de debilidad. En ese contexto, ha llamado a las potencias occidentales a ir más allá de las sanciones y apoyar activamente una transición democrática en el país.
Su propuesta apunta a una combinación de desobediencia civil dentro de Irán, junto con el respaldo de la diáspora iraní en el extranjero, planteando que un cambio de régimen sería posible con apoyo estratégico internacional.
Sin embargo, lo ocurrido en Berlín refleja un escenario más complejo. Aunque algunos lo ven como una figura capaz de articular a la oposición, otros cuestionan el legado de su padre, Mohammad Reza Pahlevi, cuyo gobierno es recordado por sectores críticos como autoritario.
En simple, mientras Pahlevi busca posicionarse como alternativa al régimen iraní, su figura sigue generando división incluso dentro de la propia oposición.