{"id":2588,"date":"2025-09-10T22:49:16","date_gmt":"2025-09-11T01:49:16","guid":{"rendered":"https:\/\/latinaradio.cl\/?p=2588"},"modified":"2025-09-10T22:49:16","modified_gmt":"2025-09-11T01:49:16","slug":"testimonio-de-archivaldo-arellano-carvajal-11-de-septiembre-1973","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinaradio.cl\/index.php\/2025\/09\/10\/testimonio-de-archivaldo-arellano-carvajal-11-de-septiembre-1973\/","title":{"rendered":"Testimonio de Archivaldo Arellano Carvajal- 11 de septiembre 1973"},"content":{"rendered":"<p>Limache, Chile, 1973. 03:40 de la madrugada.<br>\nEste relato recoge lo vivido por mi familia en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, en Limache, horas antes del golpe militar en Chile. No lo supimos por la radio. Nos pas\u00f3 por encima. Y decid\u00ed contarlo ahora, porque las memorias que se callan\u2026 se repiten.<br>\nGolpes secos en la puerta del living nos sacaron a todos de la cama. De un salto, los miembros de la familia nos levantamos, desconcertados, intentando entender qu\u00e9 ocurr\u00eda. Eran j\u00f3venes voluntarios, los mismos que se hab\u00edan comprometido como centinelas para resguardar las instalaciones de la Radio Victoria. Uno de ellos hab\u00eda sido alcanzado por una bala, disparada por un comando que, minutos antes, hab\u00eda saboteado la antena de la radio, ubicada en lo alto de la colina, justo detr\u00e1s de nuestra casa. Mientras pap\u00e1 y Pedro Hugo sal\u00edan a entender lo que estaba pasando, nuestras hermanas, junto a mam\u00e1, atend\u00edan al joven herido. Nos tranquiliz\u00f3 comprobar que, por suerte, solo era un rasgu\u00f1o. Pero desde ese momento, todo se aceler\u00f3. Los voluntarios comenzaron a agruparse. Se hablaba de organizar la \u201cresistencia\u201d para enfrentar lo que ya se sent\u00eda como una amenaza real: las fuerzas fascistas. Se hizo un recuento de los medios de defensa. El resultado fue&#8230; sorprendente. Una pistola calibre 22. Un rifle de un solo tiro, del a\u00f1o 1917, tambi\u00e9n calibre 22. Y hondas. Muchas hondas. Los bolsillos de los j\u00f3venes rebosaban de piedras, cuidadosamente seleccionadas. Tambi\u00e9n hab\u00eda palos, de todos los tama\u00f1os. Empez\u00f3 a llegar gente desde distintos puntos, algunos por curiosidad, otros decididos a defender la radio a como diera lugar. Los minutos pasaban, y no sab\u00edamos bien qu\u00e9 estaba ocurriendo afuera. Alguien dentro de la casa encendi\u00f3 una l\u00e1mpara potente para tratar de distinguir algo entre la neblina. Entonces la voz de pap\u00e1 tron\u00f3: \u2014 \u00a1Apaguen esa luz! \u00a1Somos un blanco f\u00e1cil! Y ah\u00ed&#8230; se desat\u00f3 el infierno.<br>\nUn sonido seco, brutal. El rugido de un arma pesada rompi\u00f3 la madrugada, cargada de esa densa vaguada costera que suele caer sobre Limache. El muro de nuestra casa recibi\u00f3 los primeros impactos. \u2014 \u00a1\u00a1Todos al suelo, mierda!! \u2014se oy\u00f3. Ca\u00edmos como piedras. Algunos se refugiaron detr\u00e1s del muro del jard\u00edn, otros corrieron al bosque hasta alcanzar el zanj\u00f3n. Seg\u00fan supimos despu\u00e9s, alguien result\u00f3 herido. Erwin y yo empujamos los colchones contra la ventana, nos tiramos al suelo y nos parapetamos detr\u00e1s del muro de nuestra habitaci\u00f3n, que empezaba a recibir disparos. M\u00e1s tarde supimos que los atacantes pertenec\u00edan a la Armada de Chile, provenientes de la base a\u00e9rea de El Belloto. Cuando los disparos cesaron, se hizo un silencio denso. Aterrador. Muchos de los curiosos desaparecieron. Y no los culpo. Ten\u00edan raz\u00f3n. La situaci\u00f3n nos sobrepasaba. Solo quedaron los m\u00e1s comprometidos con la causa. Hab\u00eda en casa un auto, creo que Chevrolet. Lo hab\u00eda dejado all\u00ed el interventor designado para la CCU, para evitar que lo da\u00f1aran en la v\u00eda p\u00fablica. Tiempos convulsos. Mi hermano Pedro Hugo tom\u00f3 las llaves del auto y grit\u00f3: \u2014 \u00a1\u00bfQui\u00e9n me acompa\u00f1a?! \u00a1Vamos a enfrentar a estos fachos! Nadie respondi\u00f3 a tiempo. A los pocos segundos, sali\u00f3 solo, raudo, a encarar a nuestros atacantes. El motor rugi\u00f3. La caja autom\u00e1tica chirri\u00f3. Y luego\u2026 r\u00e1fagas. Muchos disparos. En la oscuridad. Chillidos de neum\u00e1ticos. Golpes secos de bala sobre la carrocer\u00eda. Despu\u00e9s&#8230; otra vez el silencio. Un silencio insoportable.<br>\n\u2014 \u00a1\u00a1Mi hijo!! \u00a1\u00a1Mi hijo!! \u00bf\u00a1Qu\u00e9 pas\u00f3 con mi hijo!? \u2014gritaba nuestra madre, desesperada.<br>\nFueron necesarias varias personas, incluidas mis hermanas, para intentar calmarla. Pero era in\u00fatil. Se hab\u00eda convertido en una fiera.<br>\nEntonces, desde un meg\u00e1fono, se oy\u00f3 la voz:\u2014 \u00a1\u00a1Somos el Ej\u00e9rcito de Chile!! \u00a1Depongan las armas! \u00a1Todo aquel que se resista ser\u00e1 pasado por las armas!<br>\nY la voz de pap\u00e1 respondi\u00f3, clara, resignada: \u2014 Solo quedamos unos pocos.<br>\nPoco despu\u00e9s, llegaron los uniformados en una camioneta Chevrolet celeste. Eran cuatro o cinco. Sobre el techo, una ametralladora punto treinta. Los acompa\u00f1aban otros veh\u00edculos. Tomaron el control del lugar. A nosotros, junto a los que quedaban, nos sacaron a la calle. Nos obligaron a tirarnos al suelo, manos sobre la cabeza.<br>\nTodav\u00eda no sab\u00edamos nada del paradero de Pedro Hugo. Los soldados nos vigilaban, gritando: \u2014 \u00a1No nos miren! \u00a1Si no quieren un tiro en la cabeza!<br>\nSe llevaron a pap\u00e1 hasta el cuarto donde se ubicaba el transmisor AM \u2014una pieza de cuatro metros cuadrados\u2014. Ah\u00ed lo arrodillaron. Lo fusilar\u00edan despu\u00e9s de destruir el lugar. Dos soldados entraron al cuarto a instalar la bomba.Fueron minutos eternos. Los ve\u00edamos desde lejos.El alba comenzaba a asomar. De repente, los soldados salieron corriendo:\u2014 \u00a1Al\u00e9jense! \u00a1Esto va a explotar! No alcanzaron a terminar la frase. La explosi\u00f3n fue enorme. Todo vol\u00f3 por los aires. Varios uniformados fueron alcanzados por la onda expansiva, al igual que pap\u00e1. \u00c9l perdi\u00f3 el conocimiento. Qued\u00f3 tendido. Cuando recuperaron el control, el jefe del comando grit\u00f3:<br>\n\u2014 \u00bfTransmisor destruido?\u2014 \u00a1S\u00ed, mi Teniente! \u2014 \u00a1Entonces maten al prisionero!<br>\nDos soldados se acercaron a pap\u00e1 para rematarlo. Uno de ellos dijo:<br>\n\u2014 Cag\u00f3 este huev\u00f3n. Ya est\u00e1 muerto. Seguro lo mat\u00f3 la explosi\u00f3n.<br>\n\u2014 \u00a1Aseguren todo y nos retiramos! \u2014orden\u00f3 el oficial.<br>\nPoco despu\u00e9s, una camioneta con voluntarios que hab\u00eda salido a buscar a los saboteadores de la antena regres\u00f3 desde Lliu-Lliu. Se toparon de frente con los militares, que los obligaron a bajar y unirse al grupo que segu\u00eda tirado en el suelo.<br>\nYa \u00e9ramos cerca de veinte personas. Entre ellas, mi amigo de toda la vida, Bernardo &#8220;el Cabeza&#8221; \u2014de quien hablar\u00e9 en otro episodio.<br>\nFinalmente, la patrulla se retir\u00f3, dej\u00e1ndonos all\u00ed\u2026at\u00f3nitos, rotos..Mientras todo esto ocurr\u00eda en Limache, comenzaba a gestarse \u2014en silencio y por la fuerza\u2014 el golpe de Estado que cambiar\u00eda para siempre el destino del pa\u00eds. Las primeras radios comenzaron a transmitir informaciones confusas. Algunas ya hablaban de movimientos de tropas en Santiago y Valpara\u00edso. Se dec\u00eda que el presidente Salvador Allende se encontraba atrincherado en La Moneda, decidido a resistir las se\u00f1ales de la insurrecci\u00f3n militar se multiplicaban en todo el pa\u00eds. La incertidumbre, el miedo y la tensi\u00f3n crec\u00edan minuto a minuto. Las Fuerzas Armadas comenzaban a tomar los medios de comunicaci\u00f3n uno a uno.<br>\nLas radios populares eran silenciadas. Otras se convert\u00edan en voceros del nuevo poder. Las transmisiones se interrump\u00edan.<br>\nLas voces se apagaban. El pa\u00eds comenzaba a oscurecerse, no por la noche\u2026 sino por el miedo.<br>\nNosotros ya lo sab\u00edamos. El golpe militar no nos sorprendi\u00f3 por la radio.<br>\nNo lo escuchamos como noticia. Lo vivimos.<br>\nNos pas\u00f3 por encima. Nos rompi\u00f3 el sue\u00f1o antes del amanecer.<br>\nEran cerca de las 10 de la ma\u00f1ana cuando llegaron algunos detectives de la Polic\u00eda de Investigaciones. Nadie ten\u00eda muy claro el desenlace de todo lo que estaba ocurriendo en el pa\u00eds. Uno de ellos, con una chaqueta de gamul\u00e1n manchada de sangre, se acerc\u00f3 a mam\u00e1 y. con voz pausada, intent\u00f3 calmarla. Le dijo que Pedro Hugo estaba herido, pero a salvo. Solo entonces, nuestra madre recuper\u00f3 algo de calma<br>\nen medio de un caos que \u2014para tantos chilenos\u2014reci\u00e9n comenzaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Limache, Chile, 1973. 03:40 de la madrugada. Este relato recoge lo vivido por mi familia en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, en Limache, horas antes del golpe militar en Chile. No lo supimos por la radio. Nos pas\u00f3 por encima. Y decid\u00ed contarlo ahora, porque las memorias que se callan\u2026 se repiten. 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