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Los niños también sienten la violencia cuando crecen entre gritos y conflictos

PorPamela Vargas

Ago 17, 2026

Los niños no necesitan ser víctimas directas de una agresión física para sentirse en peligro. Crecer de manera constante en un ambiente marcado por gritos, discusiones y tensión también puede afectar su bienestar y desarrollo.

La investigación científica ha mostrado que la exposición frecuente a conflictos familiares puede influir en la manera en que el cerebro infantil procesa las amenazas y responde al estrés.

Algunos estudios que han utilizado resonancia magnética han observado una mayor reactividad de la amígdala, una estructura cerebral relacionada con la detección y respuesta frente a situaciones que el organismo interpreta como peligrosas, en niños expuestos repetidamente a ambientes familiares conflictivos.

Cuando esta exposición se mantiene en el tiempo, algunos menores pueden permanecer en un estado de alerta constante, lo que puede relacionarse con dificultades para regular sus emociones, concentrarse o enfrentar situaciones estresantes.

Esto no significa que todos los niños que presencian discusiones desarrollarán problemas emocionales. El impacto depende de factores como la intensidad y frecuencia de los conflictos, la edad del menor y la existencia de adultos que puedan ofrecer apoyo y seguridad.

La evidencia deja, eso sí, un mensaje importante: un hogar seguro no significa un hogar donde nunca existen desacuerdos, sino uno donde los conflictos no se convierten en una fuente permanente de miedo o inseguridad para los niños.

Más que generar culpa en las familias, el objetivo es tomar conciencia de algo fundamental: la tranquilidad, la estabilidad y la sensación de protección también forman parte de lo que los niños necesitan para crecer y desarrollarse.